La
reforma escolar como estrategia de Estado para el desarrollo.
PARTE
I
"PEPE GRILLO HA MUERTO"
Por
Abigail Truchsess
Nada más parecido a
los perros de Pavlov que los adolescentes en manada, al sonido de la campana
actúan, condicionados, tal cual lo
espera la industria del entretenimiento: Juegan a la violencia, al narcisismo,
el exhibicionismo; “selfie, selfie” es su grito de guerra y todos se agrupan
haciendo “duck face” muy bien ensayadas.
A sus espaldas, de
telón de fondo: Las guarimbas caraqueñas o andinas, o estudiantes que huyen de las bombas
lacrimógenas lanzadas por la policía anti-motín, o un guardia nacional que golpea
a una mujer con su casco; también pueden estar los trabajadores de Sao Paulo exigiendo mejoras
salariales a escasos días del Mundial
Brasil 2014 ¡Qué éxito! O los ucranianos,
los egipcios, las niñas secuestradas por Boko Haram o un niño que prueba por
vez primera el agua en África… ¡Da
igual!
Mientras tanto algunos
adultos injustamente calificados como “amargados o intensos” se quejan de la
indiferencia, el conformismo, el egoísmo; miran con alarma la crisis de valores
de la sociedad actual.
Y pregunto ¿Cuán
responsables somos los adultos de esta situación? ¿No son estos adolescentes consecuencia
de la sociedad que los forma?
El pasado fin de
semana (7 y 8 de junio) asistí a una serie de actividades del colegio de mi
hija, canalizadas todas a reflexionar sobre la paz. Uno de los grupos de trabajo escogió la
exitosa saga escrita por George R. R. Martin, “Games of Thrones”, como marco para
un juego de roles.
- ¡Fantástico!- pensé- ¡Están
vivenciando la Literatura!
La experiencia gozó
de los mejores halagos, lo cual era de esperarse pues los muchachos que la
organizaron fueron los mejores estudiantes del quinto año de bachillerato, los
más destacados, los próximos líderes del país, la esperanza del futuro.
Las estrategias, la
rapidez creativa, las soluciones a los conflictos de guerra eran brillantes y violentas,
muy violentas: envenenamientos, torturas, dedos cortados, sangre y sangre; secuestros,
traiciones, asesinatos, compra de mercenarios y más sangre.
- - ¿Y la paz?- pregunté abismada. - ¿Dónde
está en todo esto la reflexión de paz? ¿No
era ese el objetivo de la actividad?
- - ¡Cállate mamá, vas a quedar como una “come flor”- me respondió mi hija.
- - La humanidad ha resuelto por dos mil
años sus conflictos con violencia… ¿No son ustedes los agentes del cambio?
- -¡No te pongas intensa! Es una ficción, nos estamos divirtiendo, nadie saldrá de aquí a matar gente.
Mi espasmo fue
acompañado tímidamente por otro representante, uno solo y nuestras dudas que
apelaban a la conciencia, quedaron enterradas por los aplausos de los docentes y
el resto de los presentes.
Recordé el cuento de
Pinocho y le di mi más sentido pésame a este señor que tan gentilmente intentó acompañarme
en mi protesta por la paz.
- - Lo siento, Pepe Grillo ha muerto. La
esperanza del futuro
quedará en manos de algún mutante.
¡Nunca antes Mario Vargas
Llosa ha tenido más razón, hemos confundido la cultura con entretenimiento!
En el prólogo de la
edición al cuento “Las aventuras de
Pinocho” del editorial Gaviota, el profesor Francisco Martínez García,
titular de la cátedra de Crítica Literaria de la Universidad de León (España)
para el año 1997, plantea la siguiente interrogante: ¿Las aventuras de Pinocho son una narración fantástica más, coloreada de
una perceptible impregnación moralizante?
A su juicio la respuesta
tiene dos miradas distintas: las tradicionales que ven en Pinocho una exaltación
de los valores morales y sociales de la burguesía conservadora y aquella otra
en la cual Pinocho es sujeto activo de su propia educación, personal y experimental.
La primera entrega de “La historia de un muñeco” sale a la calle el 7 de julio de 1881, en
medio de un contexto de revoluciones, guerras, cuestionamientos a la iglesia,
protestas éstas fuertemente reprimidas por el moralismo didáctico, que era la
regla de oro de la literatura infantil italiana.
En el cuento se leen frecuentes
adagios como: “Ay de los chicos que se
rebelan contra sus padres, no conseguirán nada bueno en el mundo y antes o
después tendrán que arrepentirse amargamente”.
Carlo Collodi, el autor, relatan sus biógrafos,
era un hombre de humor pícaro, aficionado al juego con muy mala suerte, siempre
estaba abrumado por las deudas y el sueldo que percibía por su trabajo en la administración
pública pocas veces le alcanzaba y escribía historietas para pagar.
En estos afanes nace Pinocho que debe leerse,
apreciarse y disfrutarse en clave de humor, bien ajeno a las chocantes
consignas moralistas de las versiones siguientes.
Pinocho, un chico de madera, soñador,
ingenuo, tiene los mejores deseos para su padre Geppetto, él cree que gracias a la escuela progresará,
se hará sabio y rico, pero en el camino se encuentra con un gato, una zorra, el conductor del carro que lo lleva
al “país de los juguetes"...
¿La escuela prepara a los niños para la vida?
¿Es
la escuela de hoy formadora de hombres y mujeres pensantes o adormece las mentes
para mantener el statu quo? ¿Forma consumidores o forma activadores de cultura?
¿Sigue siendo la escuela en la actualidad, la escuela de Pinocho?
Esta historia continuará...