lunes, 24 de noviembre de 2014

Una leyenda celta: La desdichada Deirdre. Versión escrita por Abigail Truchsess.


LA DESDICHADA DEIRDRE:
Versión escrita por Abigail Truchsess.

Deirdre la desdichada, Deidre de las penas y los dolores.

Deirdre lloró desde el vientre de su madre.
 
En un festín del Rey Conchobar del Ulster, uno de los antiguos reinos de Irlanda,  el grito desgarrador de la criatura estremeció a los presentes y el mayor de los sacerdotes druidas, predijo su destino:

-          -  Deirdre será una mujer de belleza perturbadora, de largas trenzas y ojos del color del mar.  Por ella se pelearan reyes y señores y se derramará tanta sangre como jamás se ha conocido desde los orígenes de la raza.

Los guerreros de Conchobar decidieron ejecutar a la niña al nacer, pero el Rey que la codiciaba para sí, pensó que podría cambiar su destino y se ocupó de criarla, en una colina apartada, apenas acompañada por una nodriza.

Deirdre creció en la más inmensa soledad… 

Solo Conchobar la visitaba cada año.  Contemplaba con gozo cómo se alargaba la estatura de la niña, como se perfilaba su rostro, se redondeaban sus caderas y se afinaba su cintura.
 
Esperó y esperó hasta que ella pudiera estar en edad de casarse con él. Un día de invierno, semanas  antes de la boda, Deirdre vio como un cuervo bebía la sangre de un ternero sacrificado sobre la nieve y preguntó a su nodriza:

-       -   ¿Los maridos son todos tan grises y arrugados como Conchobar?  Me casaría con un hombre que tuviera el cabello tan negro como las plumas de un cuervo, los labios rojos como la sangre y la piel blanca como la nieve.

-          -  ¡Ese hombre existe! .- Respondió su nodriza desde lo más hondo de su esperanza-  ¡Ese hombre existe  y se llama Naoise! 

La nodriza sentía que el doloroso destino de Deirdre estaría en la alcoba del Rey y por ese motivo nunca detuvo a Deirdre cuando salió a buscar a Naoise, sorteando vientos y niebla, una noche sin estrellas.

Él iba a caballo y ella se apareció en el camino.

-         -  ¿A dónde vas, Naoise? ¿Por qué me dejas aquí tan sola?

Naoise creyó que se trataba de una joven ultrajada y al bajar de su caballo para darle auxilio, ella lo besó tres veces, en los ojos y los labios.  Como un hechizo, el joven que nunca antes había amado a nadie más que a sí mismo, se entregó a ella.

Sentada en la playa, la nodriza miró con regocijo el barco en el que huyeron Deirdre y Naoise hacia Escocia. Amanecía y eran apenas un punto en el horizonte, la mujer pensó que había cambiado el triste destino de aquella a la que amaba como a una hija.
  
De clan en clan iban los amantes solicitando asilo, más la belleza de Deirdre enloquecía a los hombres y todos querían matar a Naoise para quedarse con ella.  Se cumplía así la primera visión del druida: Reyes y señores se pelearan por ella.

Lograron establecerse en una isla de altos riscos y vientos huracanados.  Apartados de  todos, maduraron besos y caricias, se amaron en libertad y nunca dudaron del destino, ahora dichoso.

¡Un espejismo! Pues el rey Conchobar buscaba pertinaz a los amantes, silente como una sombra, bajo cada piedra del río, sobre cada ola del mar, no pronunció palabra hasta que tuvo noticias del paradero de Deirdre.
 
Mandó a uno de sus espías a verla, quería saber si el tiempo no había marchitado la belleza de la joven y  estaban los amantes jugando al ajedrez, bañados por la tibia luz del fuego de unos maderos, cuando se asomó el mirón.

Naoise creyó que se trataba de alguna fiera salvaje  y lanzó una pieza de oro del tablero que le dio en el ojo al fisgón que huyó despavorido.

-        -   ¡Bien valió la pena el ojo que perdí! - Le dijo luego a Conchobar el impertinente.-  La mujer está mucho más hermosa.

La sangre de Conchobar ardió como hielo seco, no se impacientó,  muy bien había aprendido a disciplinarse en su espera por Deirdre; encomendó entonces a Fergus,  el más respetable de sus caballeros la aventura de traer de vuelta a los amantes y puso en sus manos un  salvoconducto en el cual se comprometía a respetar sus vidas.
 
Deirdre y Naoise  recibieron a Fergus, lo escucharon con atención y no creyeron en las palabras firmadas por el Rey.  Fergus que sí creía en Conchobar, puso en garantía a su propio hijo como escolta de la comitiva que los traería de vuelta. 

En cuanto Deirdre pisó la arena de la playa, aconteció la traición: Los guerreros de Conchobar los atacaron por sorpresa, de un zarpazo le cortaron la cabeza al hijo de Fergus y  Eogan, el confidente del Rey, fue quien empujó la lanza que le atravesó el pecho a Naoise.     

Deirdre la desdichada, Deirdre de las penas y los dolores miró con ojos secos cómo un río de sangre abría una grieta en la tierra que la vio nacer.

Fue entregada al Rey, que la contempló de nuevo, humillado por su belleza, no pudo matarla con sus propias manos.
  
-         -  ¿Qué es lo que más odias, Deirdre? Le preguntó.

-          A ti y a Eogan, el asesino de Naoise.- Le respondió Deirdre con un escupitajo.

Conchobar la condenó a vivir un año con él y otro con Eogan y ella decidió lanzarse al risco; solo muerta, destrozada entre las  piedras, pudo Conchobar abrazar el cuerpo de Deirdre y mientras intentaba robar el último aliento de la joven, Fergus, al mando de un ejército enemigo, cruzó las fronteras del reino, venía a vengar la muerte de su hijo. 

Como alas de cuervo, el destino cubrió las cabezas de los guerreros del Ulster.

Dicen que el Rey sepultó a Deirdre en las colinas donde ella había crecido… pero su padre, un viejo contador de cuentos a quien le habían negado el derecho de criar a su hija, buscó a la nodriza en secreto y entre los dos robaron su cuerpo y lo enterraron junto a Naoise. 

Colocaron piedras y un par de estacas de árbol de tejo. Los árboles crecieron y sus ramas se entrelazaron unas y otras hasta hacerse uno.

Al paso de los siglos, las piedras se volvieron polvo.  El árbol sigue vivo.  


Fin