LA ASTUCIA FEMENINA EN EL CUENTO DE BARBA AZUL
escrito por Abigail Truchsess
Qué sería de nuestras interpretaciones del cuento de
Barba Azul si Charles Perrault no nos hubiese condicionado con su moraleja: “La curiosidad pese a sus atractivos, causa a
menudo muchos pesares…” ¿Mantendríamos la misma óptica del castigo a la
curiosidad femenina como uno de los temas claves de la narración?
“Cuentos de mamá Oca” se publica en 1627 y el autor aclara que los hombres de su época no son ni tan celosos
ni tan exigentes como los de estos cuentos de antaño y lo aleja mucho más de su
presente al caracterizarlo como extranjero.
Aunque no lo dice en el texto, se puede deducir que Barba
Azul no era francés: cuando amenaza de muerte a su esposa se arma
de “una enorme cimitarra” siendo este
tipo de sable el genérico para identificar aquellos de hoja curva, originarios del Medio Oriente; y en las ilustraciones de los primeros libros, solemos
ver al temible personaje caracterizado con turbantes y
adornos de perlas, piedras preciosas, oro y demás atavíos propios de dicha
cultura, incluyendo una barba muy larga, puntiaguda o cuadrada.
Charles Perrault dedica su libro a la nieta
más joven de Luis XIV. ¿Qué le quería enseñar el autor a la pequeña princesa? ¿Consideraba Perrault la curiosidad de mal
gusto e inapropiada para las señoritas de la corte? ¿Quería evitarle un mal
rato a la niña? ¿O no deseaba delatarse
ante sus contemporáneos al denunciar una aristocracia entregada a los placeres
más abominables?
Unos doscientos años antes (1440) un aristócrata
francés llamado Gilles de Reis (barón de Reis) fue sentenciado a la horca por “adorar y hacer sacrificios a los espíritus,
invocarlos y alentar a otros que los invocasen, desear hacer un pacto con
dichos espíritus malignos y por medios de ellos, poseer y recibir
conocimientos, poder y riquezas” ; más su fama se debió a presuntos
crímenes sexuales con niños y niñas.
Gilles de Reis fue comandante supremo de los ejércitos
franceses, batalló junto a Juana de Arco y desempeñó un valeroso papel en la
guerra contra Inglaterra. Fue uno de los nobles más acaudalados de Europa y
estuvo casado con una única mujer, Catherine de Thouars quien era también heredera
de una inmensa fortuna; el proceso en su contra se inició cuando el sacerdote
Jean le Ferron, hermano del tesorero de Bretaña, fue a tomar posesión de uno de
los castillos de Gilles, él le negó la entrada y lo hizo apalear y encarcelar.
El hecho sirvió de excusa para llevarlo a tribunales con
el apoyo de la Inquisición y así confiscar sus tierras sin invertir un solo
centavo.
El proceso civil duró cinco
días y Gilles de Reis fue torturado hasta que prometió confesar voluntaria y
libremente.
Admitió todos los cargos
presentados en su contra y declaró que había disfrutado de los mencionados
vicios. Al morir, su cuerpo fue recogido
por sus familiares y enterrado en una iglesia carmelita.
Por los asesinatos y la ostentosa fortuna se le
compara con el personaje de Barba Azul aunque no hay más elementos
coincidentes.
Existe otra leyenda del siglo VI, entreverada con personajes
de la historia medieval de Bretaña. Se
trata de Comorre, conde de Cornualles, conocido también como Cunmar el maldito
pues se decía que había decapitado a cada una de sus esposas al momento de
quedar embarazadas. Él pone sus ojos en la hermosa Trifina, joven de origen
noble, hija del conde de Guerrok y pide la intermediación de Gildas (Santo muy
popular en la Edad Media) para pedirla en matrimonio. El acuerdo se establece a
favor de la paz de los condados y respeto a la integridad de la novia.
Un día…
Trifina entra a la capilla ancestral de Comorre y es
advertida por los fantasmas ensangrentados de las esposas y al quedar
embarazada, observa el cambio de ánimo de su marido, da aviso a su padre y huye, pero Comorre se adelanta al duque y la
decapita. El padre encuentra el cadáver y prohíbe el enterramiento, busca a
Gildas y juntos van al castillo de
Comorre donde Gildas ora y las paredes caen, tapiando al malhechor. Luego, en una ceremonia cristiana, devuelve
la cabeza al cuerpo de Trifina y ella resucita, lleva a término el embarazo,
nace su hijo y dedica el resto de sus días a Dios.
De Trifina no hay reliquias que certifiquen su
existencia, su historia se cuenta como uno de los tantos milagros de la vida de
San Gildas (de quien sí existen reliquias repartidas en varias capillas de Europa) ; aunque
a ella se le reza como protectora de los recién nacidos y al parecer, en la Iglesia de San Nicolás des Eaux, en Bretaña hay un
conjunto de frescos muy significativos, uno en el cual Comorre le entrega unas
llaves y otro de Trifina con los fantasmas de las esposas en la sala de los
ancestros. Si la referencia de los frescos en la iglesia de San Nicolás es
cierta, estamos ante dos motivos claves que la acercan al cuento de Barba Azul
además de la confirmación y evidencia del crimen y castigo al asesino.
Otra de las historias que se relaciona con este cuento
es el Libro de Judit, escrita por un autor anónimo, en el siglo II AC.

Aparece entonces Judit, viuda de Manasés, mujer reconocida por su inteligencia que indignada les reclama a los jerarcas que no hacen nada por sí mismos y en cambio ponen a prueba a Dios, exigiendo un milagro. Ella tiene un plan, durante cuatro días se presenta ante Holofernes, ataviada con sus mejores ropajes y logra seducir al invasor extranjero con su belleza y don de palabra; la última noche antes del plazo para la entrega de la ciudad, cena con él, que arde en deseos por ella y embelesado bebe vino como nunca antes en toda su vida, hasta que se queda dormido. Ella le corta la cabeza y se la lleva en una bolsa. Ordena que sea colgada en las almenas de la muralla que rodea la ciudad para que sea vista al amanecer.
Como motivos coincidentes tenemos a una mujer
inteligente que vence al enemigo, en los tres casos extranjero, todo poderoso,
grande y fuerte, que genera temor; la victoria se consuma en la noche con un
amanecer triunfal. En el cuento leemos “Barba
Azul regresó de su viaje aquella misma noche…”
que es cuando llegan los hermanos y le dan muerte. El amanecer es el
final feliz para la viuda que hereda la gran fortuna del difunto; en la leyenda
de Trifina la resurrección gracias al milagro de San Gildas y en el libro de
Judith, la cabeza de Holofernes sobre las almenas.
La curiosidad femenina es otro motivo, pero no como “causa de pesar”.
Los hermanos Grimm escribieron una versión de “Barba Azul” y dos cuentos más de temas
similares, “El novio ladrón” y “El pájaro emplumado”, en las que se
destaca la curiosidad y la inteligencia como rasgos de personalidad de las protagonistas,
nunca como castigo.
En todas las versiones, incluso las de los hermanos
Grimm, hay sospechas, cuando no, certezas, de la naturaleza oscura del pretendiente. Perrault escribe: “Lo que tampoco les gustaba era que se había casado ya con varias
mujeres y no se sabía qué había sido de ellas…” y las recién casadas inician su vida marital bajo
la sombra del peligro (lo cual puede ser muy atractivo…). Ninguna entra
completamente a ciegas a la cueva del depredador y lo que marca la diferencia
entre las mujeres asesinadas y las protagonistas de cada una de estas narraciones
es su inteligencia (prudencia o astucia) al momento de enfrentarlo.
La última esposa de Barba Azul demora la acción, dando
tiempo a que lleguen sus hermanos (situación grandiosamente escrita por
Perrault); Trifina es quizás la más vapuleada, su leyenda se debe interpretar
bajo códigos cristianos. Ella también da aviso a su padre antes de ser
decapitada, luego Gildas hace el milagro y Trifina renace para convertirse en
santa. En Judith su astucia es evidente.
Entonces ¿por qué juzgar a una mujer que entra en un
terreno (castillo, campamento, casa en el bosque, etc.) al que nadie más se
atreve a entrar y delata a un asesino?
Una moraleja más pertinente podría ser: Señoritas no
se dejen cegar por el lujo y la fortuna de los hombres, pueden hallarse
frente a la puerta del infierno; ahora bien, si la encuentras, no tengas miedo, se prudente, actúa con inteligencia, en la astucia está la clave de tu salvación.
Abigail Truchsess.