viernes, 21 de septiembre de 2018

Caperucita roja en el bosque del tiempo.


Caperucita en el bosque del tiempo:

Escrito por Abigail Truchsess 


De Pentecostés a la licantropía parece ser el viaje de Caperucita Roja. 

Este es uno de los cuentos pilares de la humanidad; según los investigadores la versión escrita más añeja data del año 1000 dC., y fue redactada en latín por un sacerdote llamado Egberto de Lieja, quien recogió algunas anécdotas de campesinos, probablemente francófonos, las tejió con símbolos cristianos  y compuso un libro titulado “Fecunda Ratis” ( La Nave Fecunda).

Little Red Riding Hood, 1810. Págs 1 y 2.  Biblioteca Pública de Londres.

“Lo que digo en el campo se cuenta de igual modo
Y no es tan sorprendente como digno de crédito
Al sacar de la Iglesia una niña de pila
Le regalaron una caperuza roja
La quinta quincuagésima se celebró el bautizo
Cuando al alba la niña cumplía cinco años
Después, mientras andaba sin cuidado ninguno
Le salió al paso un lobo que se la llevó al bosque
Y dejó por comida la presa a sus cachorros
Que la acosaron juntos y al no poder herirla
Mansamente empezaron a lamer su cabeza
­ No me rompáis ratones ­ dijo entonces la niña
­Esta caperuza que me regaló mi padrino.
Templa el Dios que los hizo, los destemplados ánimos”.

La “quinta quincuagésima” es el día de Pentecostés y era costumbre en la Edad Media bautizar a los niños este día o en diciembre, durante las festividades del nacimiento de Jesús. En ambas (incluso en la actualidad) se destaca el color rojo que es el color del “Espíritu Santo”,  y en este cuento rimado, la capa que le regala su padrino viene a ser un amuleto protector que acompaña a la niña, que se distrae en el camino, es cazada por una madre lobo que la lleva como alimento a sus cachorros hambrientos, y sin embargo, como hija de Dios ya reconocida gracias al bautismo, no sufre ningún daño:

(…) “Caminarás entre dragones y víboras,
Pisotearás cachorros y dragones.
Porque me ama lo libraré,
Lo protegeré porque me reconoce. (…)
Salmo 91

Durante los quinientos años siguientes Caperucita hace camino al andar en la tradición oral;  algunos investigadores  sostienen que llegó a Asia y Persia a través de la Ruta de la Seda y regresa de nuevo a Europa.

Little Red Riding Hood, 1810. Págs. 3 y 4.  Biblioteca Pública de Londres.

En 1697, dos años después de la muerte del fabulista La Fontaine, Charles Perrault publica “Cuentos de mamá Oca”; siguiendo quizás el patrón heredado del poeta, considerado además uno de los más grandes representantes del neoclasicismo francés, finalizó cada cuento con una moraleja que en el caso de Caperucita es una advertencia:

“(...) Hay algunos (lobos / hombres) corteses que sin ruido y sin hiel, complacientes y dulces siguen a las doncellas hasta su casa. Pero Ay ¿quién no sabe que los lobos melosos son los más peligrosos de todos? ”

Perrault  utiliza también las expresiones “acuéstate conmigo” y Caperucita “se desnudó y se metió en la cama” y acto seguido acontece el famoso diálogo que hemos repetido durante generaciones: Abuelita qué brazos, ojos, orejas y dientes tan grandes tienes, hasta que el lobo se come a la niña sin más demora.

No hay final feliz en esta historia y la narración que nace como un ejemplo espiritual de la protección del Padre, es ahora en el contexto del siglo XVII un alerta contra el depredador sexual que va tras la virginidad de las jóvenes.

Pasaron dos años para que los cuentos de Perrault fueran traducidos al inglés. 
La Biblioteca de  Londres conserva dos hermosos manuscritos del siglo XIX; el primero es de 1810, publicado en Londres y está escrito en verso (sus imagenes podemos apreciarlas repartidas a lo largo del texto). El segundo se calcula que fue  publicado en Wellington, aproximadamente en 1820, clasificado como de autor desconocido e ilustraciones de patrimonio público; sin embargo,  el texto es casi idéntico al de Perrault. 

En ambas versiones se mantiene el trágico final.

Little Red Riding Hood, 1810. Págs 5 y 6.  Biblioteca Pública de Londres.

Con los hermanos Grimm, la historia es un cuento de normas, de enseñanza para una niña que ya tiene edad como para  caminar sola por el bosque y hacer los mandados, siempre y cuando cumpla con algunas previsiones.  La madre le pide a Caperucita que le lleve torta y vino a su abuela y gira instrucciones: 

Prepárate antes de que haga mucho calor y cuando salgas ve con cuidado, no te apartes del sendero, (…)  Y cuando llegues, no te olvides de dar los buenos días y no te pongas a curiosear antes por todas las esquinas…” hecho muy natural y cotidiano cuando se está criando a un niño y se le prepara para que se desenvuelva socialmente sin mayores problemas.
 
Caperucita, como todo niño, se distrae, habla con el lobo, pierde tiempo contemplando flores y cuando llega a la casa de la abuela nota algo extraño.  El lobo aflauta su voz,  la invita a pasar, la vuelve a engañar y tras el diálogo más famoso de los cuentos de hadas, se la come.

Pero esta vez los hermanos Grimm brindan un final feliz: un cazador entra a la casa y las saca a la niña y su abuela de la barriga del lobo; Caperucita le pone piedras en la barriga y el lobo cae y muere. Tiempo más tarde, cuando otro lobo intenta engañarla, ella ya ha aprendido la lección y junto con su abuela lo enfrentan y le ganan. “Caperucita roja se fue muy feliz a casa y nadie le hizo daño”.      

¡Había aprendido la lección, ya podía salir sola de casa!


Little Red Riding Hood, 1810. Págs 7 y 8.   Biblioteca Pública de Londres.

Bruno Bettelheim, psicoanalista y psicólogo infantil, nacido en Austria en 1903, escribió el libro “Psicoanálisis de los cuentos de Hadas”, aunque fue seriamente criticado por sus contemporáneos hasta después de su muerte, sus teorías han sido de mucha influencia en el siglo XX.
 
Él afirma que “los cuentos de hadas transmiten  a los niños, de diversas maneras,  que la lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable, es parte intrínseca de la existencia humana; pero si uno no huye, sino que se enfrenta a las privaciones inesperadas y a menudo injustas, llega a dominar todos los obstáculos alzándose al fin, victorioso.

¡Los cuentos de hadas nos enseñan a ser valientes!
 
Bettelheim analiza el cuento como una representación simbólica: cuando se lee o se cuenta a los niños se le están brindando “símbolos” que son el lenguaje del inconsciente, de los sueños y de un término muy bonito y muy actual: inteligencia emocional.
 
En el capítulo sobre Caperucita Roja, prefiere la versión de los hermanos Grimm a la de Perrault que deja el problema sin resolver, en estado de ansiedad, sin logro y destaca el proceso de madurez de la niña en la versión alemana, que se deja llevar por su necesidad de placer, oler, saborear, perderse en el bosque…hasta que el lobo se la come. Luego el cazador la regresa a la vida junto a su abuela, mucho más sabia y ella misma es quien hace que el lobo trague las piedras.

Su paso por la barriga del lobo lo compara con el viaje al infierno, al paso por la muerte; es la transformación interna y posible: El nacer dos veces, la resurrección que nos hace más sabios y más fuertes ante la realidad; e interpreta la narración como una historia de iniciación sexual, de pérdida de la virginidad antes de tiempo que luego,  y sin proponérselo, ha dado pie a las delicias del cine comercial que utiliza el sexo, el miedo y la violencia como banderas que aseguran la taquilla.

Aquí tenemos una nueva connotación para el color rojo, como el color de la sexualidad, la menstruación...   En la antigüedad, el rojo, el negro y el blanco fueron los primeros tintes que produjo el hombre, son la paleta cromática de las cavernas y la combinación rojo, blanco y negro está presente en infinidad de cuentos maravillosos; Blanca Nieves es blanca como la nieve, con cabellos negros como la caoba y labios rojos como la sangre. 

Little Red Riding Hood, 1810. Págs 9 y 10.  Biblioteca Pública de Londres.

Para los semiólogos cada color conduce a un significado que corre paralelo a las ideologías de cada época. Las razones de nuestros ancestros fueron muy sencillas, en medios campesinos era muy frecuente que el mejor vestido fuese rojo por ser el más llamativo, el más bonito, el que más destacaba. Hasta el siglo XIX las novias se casaban vestidas de rojo.

El rojo era el color de la consagración a la sangre de Cristo y los papas vestían de rojo. Con la Reforma, los protestantes denigraron del color arguyendo una frase de la Biblia en el libro del  Apocalipsis que dice: “la prostituta de Babilonia viste de rojo”; sin embargo, sigue siendo el color del Espíritu Santo y de la Navidad, de las fiestas, de los teatros y también por eventos históricos de sindicatos, guerras y banderas, del comunismo. 

En 1979 Ángela Carter (1940-1992)  publica “La Cámara sangrienta”, un excelente libro de relatos góticos en los que toma las tramas de los cuentos de hadas y nos los vuelve a contar bajo su mirada feminista; logrando además, una combinación dinamita de terror y sensualidad.  En los cuentos Licantropía y En compañía de lobos funde las supersticiones de los hombres-lobo con el cuento de Caperucita y aunque el personaje del lobo es un animal humanizado y la licantropía es ajena al relato en sus orígenes, fluye con naturalidad, se hace creíble,  al leerla una piensa ¡por qué no se me ocurrió a mí! 

Entre las más recientes interpretaciones del cuento nos encontramos con “La chica de la capa roja”, película dirigida por Chatherine Hardwicke y la serie  Once upon a time”, ambas del 2011.  En estas historias la capa vuelve a ser un amuleto que ahora protege a la chica de su propia transformación.  

¡Ella es la loba!

Little Red Riding Hood, 1810. Págs 11 y 12.  Biblioteca Pública de Londres.
Y es que existen mil y un versiones de Caperucita, en literatura, arte, cine, video juegos, etc.,  relecturas subjetivas que se van adecuando a los tiempos, unas más profundas que otras, más defendibles, autores que hablan del lado salvaje, instintivo de todo ser humano y encuentran en ella un personaje arquetípico en el que pueden proyectar la idea.

Ahora bien, como una vez me dijo un estudiante “estamos leyendo ideas recicladas”, si, se están haciendo conjeturas sobre las interpretaciones de otros y he ahí donde hay que ir con cuidado.
 
La literatura debe ser vivencial.

El poder de estos cuentos lo sientes cuando lees y experimentas en carne propia su LECTURA (así en mayúsculas, porque el cine ya es de por sí una lectura de otro); las distorsiones por supuestas verdades que tienen más de emotividad que de realidad son muy frecuentes en este siglo dominado por mileniales, y por esa razón, hoy más que nunca,  no hay que perder de vista los orígenes, los conceptos primarios que guiaron a estos cuentos que seguirán siendo contados por siempre. 

Abigail Truchsess.