Caperucita en el bosque del tiempo:
Escrito por Abigail Truchsess
De
Pentecostés a la licantropía parece ser el viaje de Caperucita Roja.
Este es uno
de los cuentos pilares de la humanidad; según los investigadores la versión
escrita más añeja data del año 1000 dC., y fue redactada en latín por un
sacerdote llamado Egberto de Lieja, quien recogió algunas anécdotas de
campesinos, probablemente francófonos, las tejió con símbolos cristianos y compuso un libro titulado “Fecunda Ratis” (
La Nave Fecunda).
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Little Red Riding Hood, 1810. Págs 1 y 2. Biblioteca Pública de Londres. |
“Lo que digo en el campo se cuenta de igual modo
Y no es tan sorprendente como digno de crédito
Al sacar de la Iglesia una niña de pila
Le regalaron una caperuza roja
La quinta quincuagésima se celebró el bautizo
Cuando al alba la niña cumplía cinco años
Después, mientras andaba sin cuidado ninguno
Le salió al paso un lobo que se la llevó al bosque
Y dejó por comida la presa a sus cachorros
Que la acosaron juntos y al no poder herirla
Mansamente empezaron a lamer su cabeza
No me rompáis ratones
dijo entonces la niña
Esta caperuza que me regaló mi
padrino.
Templa el Dios que los hizo, los destemplados ánimos”.
La “quinta
quincuagésima” es el día de Pentecostés y era costumbre en la Edad Media
bautizar a los niños este día o en diciembre, durante las festividades del
nacimiento de Jesús. En ambas (incluso en la actualidad) se destaca el color
rojo que es el color del “Espíritu Santo”,
y en este cuento rimado, la capa que le regala su padrino viene a ser un
amuleto protector que acompaña a la niña, que se distrae en el camino, es cazada
por una madre lobo que la lleva como alimento a sus cachorros hambrientos, y
sin embargo, como hija de Dios ya reconocida gracias al bautismo, no sufre
ningún daño:
(…) “Caminarás entre dragones y víboras,
Pisotearás cachorros y dragones.
Porque me ama lo libraré,
Lo protegeré porque me reconoce. (…)
Salmo 91
Durante los
quinientos años siguientes Caperucita hace camino al andar en la tradición
oral; algunos investigadores sostienen que llegó a Asia y Persia a través
de la Ruta de la Seda y regresa de nuevo a Europa.
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Little Red Riding Hood, 1810. Págs. 3 y 4. Biblioteca Pública de Londres. |
En 1697, dos
años después de la muerte del fabulista La Fontaine, Charles Perrault publica “Cuentos de mamá Oca”; siguiendo quizás el
patrón heredado del poeta, considerado además uno de los más grandes representantes
del neoclasicismo francés, finalizó cada cuento con una moraleja que en el caso
de Caperucita es una advertencia:
“(...) Hay
algunos (lobos / hombres) corteses
que sin ruido y sin hiel, complacientes y dulces siguen a las doncellas hasta
su casa. Pero Ay ¿quién no sabe que los lobos melosos son los más peligrosos de
todos? ”
Perrault utiliza también las expresiones “acuéstate conmigo” y Caperucita “se desnudó y se metió en la cama” y acto
seguido acontece el famoso diálogo que hemos repetido durante generaciones: Abuelita
qué brazos, ojos, orejas y dientes tan grandes tienes, hasta que el lobo se
come a la niña sin más demora.
No hay final
feliz en esta historia y la narración que nace como un ejemplo espiritual de la
protección del Padre, es ahora en el contexto del siglo XVII un alerta contra
el depredador sexual que va tras la virginidad de las jóvenes.
Pasaron dos
años para que los cuentos de Perrault fueran traducidos al inglés.
La Biblioteca
de Londres conserva dos hermosos
manuscritos del siglo XIX; el primero es de 1810, publicado en Londres y está
escrito en verso (sus imagenes podemos apreciarlas repartidas a lo largo del texto). El segundo se calcula que fue publicado en Wellington, aproximadamente en
1820, clasificado como de autor desconocido e ilustraciones de patrimonio
público; sin embargo, el texto es casi
idéntico al de Perrault.
En ambas versiones se mantiene el trágico final.
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Little Red Riding Hood, 1810. Págs 5 y 6. Biblioteca Pública de Londres. |
Con los hermanos Grimm, la historia es un cuento
de normas, de enseñanza para una niña que ya tiene edad como para caminar sola por el bosque y hacer los
mandados, siempre y cuando cumpla con algunas
previsiones. La madre le pide a Caperucita que le lleve torta y vino a su abuela y gira instrucciones:
“Prepárate
antes de que haga mucho calor y cuando salgas ve con cuidado, no te apartes del
sendero, (…) Y cuando llegues, no te
olvides de dar los buenos días y no te pongas a curiosear antes por todas las
esquinas…” hecho muy natural y cotidiano cuando se está criando a un niño y
se le prepara para que se desenvuelva socialmente sin mayores problemas.
Caperucita, como todo niño, se distrae, habla con el lobo, pierde tiempo contemplando flores y cuando
llega a la casa de la abuela nota algo extraño.
El lobo aflauta su voz, la invita
a pasar, la vuelve a engañar y tras el diálogo más famoso de los cuentos de
hadas, se la come.
Pero esta vez
los hermanos Grimm brindan un final feliz: un cazador entra a la casa y las
saca a la niña y su abuela de la barriga del lobo; Caperucita le pone piedras
en la barriga y el lobo cae y muere. Tiempo más tarde, cuando otro lobo intenta
engañarla, ella ya ha aprendido la lección y junto con su abuela lo enfrentan y
le ganan. “Caperucita roja se fue muy
feliz a casa y nadie le hizo daño”.
¡Había aprendido la lección, ya podía salir
sola de casa!
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Little Red Riding Hood, 1810. Págs 7 y 8. Biblioteca Pública de Londres. |
Bruno
Bettelheim, psicoanalista y psicólogo infantil, nacido en Austria en 1903,
escribió el libro “Psicoanálisis de los
cuentos de Hadas”, aunque fue seriamente criticado por sus contemporáneos
hasta después de su muerte, sus teorías han sido de mucha influencia en el
siglo XX.
Él afirma que
“los cuentos de hadas transmiten a los niños, de diversas maneras, que la lucha contra las serias dificultades
de la vida es inevitable, es parte intrínseca de la existencia humana; pero si
uno no huye, sino que se enfrenta a las privaciones inesperadas y a menudo
injustas, llega a dominar todos los obstáculos alzándose al fin, victorioso.”
¡Los cuentos
de hadas nos enseñan a ser valientes!
Bettelheim
analiza el cuento como una representación simbólica: cuando se lee o se cuenta a
los niños se le están brindando “símbolos” que son el lenguaje del inconsciente,
de los sueños y de un término muy bonito y muy actual: inteligencia
emocional.
En el
capítulo sobre Caperucita Roja, prefiere la versión de los hermanos Grimm a la
de Perrault que deja el problema sin resolver, en estado de ansiedad, sin logro
y destaca el proceso de madurez de la niña en la versión alemana, que se deja
llevar por su necesidad de placer, oler, saborear, perderse en el bosque…hasta
que el lobo se la come. Luego el cazador la regresa a la vida junto a su
abuela, mucho más sabia y ella misma es quien hace que el lobo trague las
piedras.
Su paso por
la barriga del lobo lo compara con el viaje al infierno, al paso por la muerte;
es la transformación interna y posible: El nacer dos veces, la resurrección que
nos hace más sabios y más fuertes ante la realidad; e interpreta la narración
como una historia de iniciación sexual, de pérdida de la virginidad antes de tiempo
que luego, y sin proponérselo, ha dado pie
a las delicias del cine comercial que utiliza el sexo, el miedo y la violencia
como banderas que aseguran la taquilla.
Aquí tenemos
una nueva connotación para el color rojo, como el color de la sexualidad, la
menstruación... En la antigüedad, el rojo,
el negro y el blanco fueron los primeros tintes que produjo el hombre, son la
paleta cromática de las cavernas y la combinación rojo, blanco y negro está
presente en infinidad de cuentos maravillosos; Blanca Nieves es blanca como la
nieve, con cabellos negros como la caoba y labios rojos como la sangre.
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Little Red Riding Hood, 1810. Págs 9 y 10. Biblioteca Pública de Londres. |
Para los
semiólogos cada color conduce a un significado que corre
paralelo a las ideologías de cada época. Las razones de nuestros ancestros
fueron muy sencillas, en medios campesinos era muy frecuente que el mejor
vestido fuese rojo por ser el más llamativo, el más bonito, el que más
destacaba. Hasta el siglo XIX las novias se casaban vestidas de rojo.
El rojo era
el color de la consagración a la sangre de Cristo y los papas vestían de rojo.
Con la Reforma, los protestantes denigraron del color arguyendo una frase de la Biblia
en el libro del Apocalipsis que dice: “la prostituta de Babilonia viste de rojo”;
sin embargo, sigue siendo el color del Espíritu Santo y de la Navidad, de las
fiestas, de los teatros y también por eventos históricos de sindicatos, guerras
y banderas, del comunismo.
En 1979
Ángela Carter (1940-1992) publica “La Cámara sangrienta”, un excelente libro
de relatos góticos en los que toma las tramas de los cuentos de hadas y nos los
vuelve a contar bajo su mirada feminista; logrando además, una combinación
dinamita de terror y sensualidad. En los
cuentos Licantropía y En compañía de lobos funde las
supersticiones de los hombres-lobo con el cuento de Caperucita y aunque el
personaje del lobo es un animal humanizado y la licantropía es ajena al relato
en sus orígenes, fluye con naturalidad, se hace creíble, al leerla una piensa ¡por qué no se me ocurrió
a mí!
Entre las más
recientes interpretaciones del cuento nos encontramos con “La chica de la capa roja”, película dirigida por Chatherine
Hardwicke y la serie “Once upon a time”, ambas del 2011. En estas historias la capa vuelve a ser un
amuleto que ahora protege a la chica de su propia transformación.
¡Ella es la loba!
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Little Red Riding Hood, 1810. Págs 11 y 12. Biblioteca Pública de Londres. |
Y es que
existen mil y un versiones de Caperucita, en literatura, arte, cine, video
juegos, etc., relecturas subjetivas que
se van adecuando a los tiempos, unas más profundas que otras, más defendibles, autores
que hablan del lado salvaje, instintivo de todo ser humano y encuentran en ella
un personaje arquetípico en el que pueden proyectar la idea.
Ahora bien, como una vez me dijo un estudiante
“estamos leyendo ideas recicladas”,
si, se están haciendo conjeturas sobre las interpretaciones de otros y he ahí
donde hay que ir con cuidado.
La literatura
debe ser vivencial.
El poder de estos cuentos lo sientes cuando lees y experimentas en carne propia su LECTURA (así en mayúsculas, porque el cine ya es de por sí una lectura de otro); las distorsiones por supuestas verdades que tienen más de emotividad que de realidad son muy frecuentes en este siglo dominado por mileniales, y por esa razón, hoy más que nunca, no hay que perder de vista los orígenes, los conceptos primarios que guiaron a estos cuentos que seguirán siendo contados por siempre.
Abigail
Truchsess.