EL ORIGEN DE LOS CUENTOS.
Por Abigail Truchsess
Hace mucho tiempo atrás…
Los reyes de una tierra lejana pidieron a un
científico, un artista, un filósofo y un comerciante encontrar el lugar donde
se hallara la verdadera sabiduría.
Todos accedieron honrosos a la ventura y cada quien
emprendió un camino diferente. Al tiempo, uno a uno encontró en su propio
oficio un argumento idóneo para afirmar que la sabiduría se encontraba ya sea
en la ciencia, el arte, la filosofía o el dinero.
El día de la asamblea, reunidos ante los
reyes y la comunidad, el científico, el artista, el filósofo y el comerciante
tuvieron la oportunidad de expresar su parecer y la discusión fue tal que
terminaron a golpes, sin conclusión alguna..jpg)
¡Hasta un dragón de siete cabezas!
Y dieron con la respuesta: La sabiduría del
mundo se encuentra en los cuentos.
Nuestras primeras historias comenzaron alrededor del
fuego con la tribu o el clan reunido junto al más anciano que contaba sobre tiempos inmemoriales y fue gracias a estos contadores
que se conservó, durante milenios, la cultura de los primeros asentamientos
humanos.
Los antropólogos han coincidido en asegurar que son tres los momentos más importantes de la evolución del hombre: cuando baja de los árboles y empieza a caminar erguido, el espacio del cráneo se expande; cuando comienza a fabricar herramientas de piedra (llamadas “líticas”) y finalmente, el momento en que transita de una sociedad de cazadores-nómadas a una de agricultores-sedentarios.
Este periodo de la historia se conoce como “la gran
revolución del neolítico” y está estimada entre los 10 mil y 4 mil años AC. No es sino hasta el año 5 mil AC que comienzan
a elaborarse los primeros vestigios alfabetiformes en Asia Occidental, en
consecuencia, la cultura de todo este largo transitar nace y sobrevive gracias
a los mitos, cuentos y leyendas transmitidos oralmente.
El hombre siempre se ha preguntado de dónde viene,
hacia dónde va, qué hay después de la muerte, cómo surgen los seres y las cosas
y esos primeros relatos dan respuestas a esas primeras
preguntas que aún, en pleno siglo XXI con todo y los grandes avances de la
ciencia, se siguen buscando.
Las normas de convivencia, las reglas sociales, los
fundamentos básicos para mantenerse vivos en comunidad eran narrados de manera
tal que todos pudieran recordarlas e identificarse a través de la risa, la
rabia, el llanto y el miedo.
Y mientras unos seguían defendiendo la vida trashumante,
la cacería, las migraciones según las estaciones de la presa favorita, siempre
con la tienda a cuestas; los otros exaltaban los grandes privilegios de la
tierra, el cultivo, la fertilidad, la propiedad privada, la habitación
permanente y la sepultura.
Estas sociedades en pugna y desconfianza mutua pautan
la temática de las historias, y la
añoranza del “paraíso perdido”; pues, volviendo a las investigaciones de los
antropólogos y los arqueólogos, el paso de un género de vida cómodo, donde la
tierra ofrecía sus frutos y los animales eran fáciles de cazar, a la agotadora
labor del cultivo y la domesticación de animales, fue por necesidad y no deseo.
Los cambios climáticos obligaron al hombre a
dominar su ecosistema. Las cinco grandes
civilizaciones de la antigüedad: Mesopotamia, Egipto, Valle del Indo, China y
Mesoamérica, se desarrollaron gracias al aprovechamiento y dominio de los ríos,
pero este cambio costó grandes esfuerzos, imposiciones, división del trabajo,
jerarquización y yugo.
¿Cómo no iban a desconfiar los hebreos de los
egipcios?
En los cuentos de la Biblia, vista desde su
extraordinario valor literario, la desconfianza se evidencia cuando Caín y Abel
presentan sus ofrendas al Creador que favorece a Abel, el pastor, quien
presenta “una oblación de los primogénitos
de su rebaño y de la grasa de los mismos”.

En la historia de Adán y Eva siempre me he
preguntado ¿qué fue lo que se le reveló a Eva cuando mordió la manzana? Estamos
hablando del fruto del árbol del conocimiento, qué fue lo primero que ella
pensó. A saber “se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos”,
es lo que dice el relato que se centra luego en la ira de Dios a causa de la
desobediencia.
Si apartamos los vacíos prejuicios, la falsa moral,
“el
estar desnudos”, el sabernos desnudos no es acaso una forma de conciencia, del
aquí, del ahora.
Eva “abrió los ojos” y se vio expuesta a los ojos del otro, de Adán, en medio de la naturaleza inmensa que Dios había creado para ellos. Cuando Dios los expulsa del Paraíso, deben trabajar la tierra, ganarse su sustento: “con fatiga sacarás del suelo el alimento todos los días de tu vida”.
Recuerdo el día en que mi padre se enfermó por vez
primera y hubo que hospitalizarlo.
Recuerdo que me detuve en el marco de la puerta que daba hacia terapia
intensiva y lo vi conectado a varios aparatos, me sentí desvalida ante la certeza
de la muerte: Ya no puedo seguir
dependiendo de papá -pensé- tengo que
buscar trabajo.
Su enfermedad me abrió los ojos, me sacó de mi casa
segura, de mi manutención… En tiempos de crisis y desempleo, tan frecuentes en
esta Venezuela socialista del siglo XXI, tengo un sueño recurrente: Le reclamo
a mis padres ¿Por qué tengo que ser yo la
que cubre todos los gastos de la casa? Mis padres ya murieron pero el sueño siempre regresa,
la añoranza de aquellos días, de mi niñez despreocupada y consentida, mi
paraíso perdido.
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"Blancanieves". Ilustración de Tatiana Hauptmann. El libro de los 101 cuentos, Editorial Anaya. |
Fue en los sueños de sus pacientes y su similitud
con los temas que aparecen en los mitos universales que Carl Gustav Jung
fundamentó su teoría del “inconsciente
colectivo” y “el arquetipo”: los
bosques tenebrosos, las transformaciones, el abandono, la desnudez, la capacidad
de volar, los monstruos, etc.
Esta teoría explica además por qué en lugares tan
remotos y civilizaciones que históricamente no tuvieron ninguna relación, han
aparecido mitos y cuentos similares. Ni Blanca
Nieves ni Cenicienta son exclusivas del folklore alemán, las hay también en
España con otros nombres y los vampiros no vienen de los Cárpatos, también los
hubo en Egipto y en Grecia.
Los mitos, los cuentos y las leyendas son mucho más
que frases bien estructuradas del lenguaje, son el testimonio de la historia de
la humanidad, de la imaginación, las emociones y el poder creador del
hombre.
¿Dónde más puede hallarse entonces la sabiduría?
Fin