sábado, 20 de septiembre de 2014

El INTRUSO DE NOCHEBUENA. Escrito por Abigail Truchsess.

EL INTRUSO DE NOCHEBUENA



Escrito por Abigail Truchsess.

Un corbatín de lazo, color naranja, había caído entre las brasas y el humo blanco de cientos de salchichas asadas al aire libre, cambio de color a un tono gris oscuro, muy oscuro.
-      ¡Esto es una señal de mal agüero!- Pensó el abuelo de los Snorkill.

Era diciembre del año 1842 y más de trescientos campesinos de Endingen, se habían reunido en los campos de manzanas  para celebrar el contrato de fundación de  una ciudad alemana en el trópico, firmado por  Martin Cassler y Agustín Codazzi.    

Uno de los futuros colonos, de apellido Ritzen, había bebido mucha cerveza y metió su dedo gordo y calloso de labrero en la corbata naranja del oficial Codazzi.

-          ¡Usted debe jurar que seremos felices! 

Y se la embadurnó de grasa de salchichas, trató de limpiarla con un pañuelo, pero el pañuelo venía lleno de mermelada y salsa blanca…  la corbata terminó pegada a los dedos de Ritzen y el desconcertado oficial  dio unos pasos hacia atrás, disimulando su espanto, se tropezó con el abuelo de los Snorkill sin disculparse y  juró a todos, con una cruz que había sacado de su bolsillo y que apenas rozó con sus labios, felicidad por siempre.

Ritzen triunfante,  lanzó al aire  el corbatín y el corbatín terminó en las brasas. 

El abuelo Snorkill,  miró con desconfianza la tela que se quemaba y presintió en la mezcla de olores de grasa de cerdo, una maldición.

El abuelo creía en el poder mágico de la palabra escrita y fue por esa razón que evitó colocar su nombre y el de su familia en el censo de los aventureros que se embarcaron en “el Clemence”,  el barco francés que los trajo desde Havre de Grace  a Choroní  y  la razón  por la cual Codazzi nunca se puso de acuerdo con los funcionarios de inmigración de Venezuela, pues mientras estos habían contado 378 alemanes desembarcados, Codazzi insistía en que eran 374. 

Los cuatro faltantes eran el abuelo, su esposa y sus dos hijos, que se colaron entre los Benitz,  Muller, Musle, Gerig, Rudman, Ruth, Ziegler, Strubinger, Griman, Hoffman, Bergman, Galler, Suhr,  Breindenbach, Cassler  y Rizten que atravesaron a pie,  desde Choroní, las montañas de Maracay  hasta  el lugar donde hoy en día se asienta la Colonia Tovar.

Gracias a esta simple artimaña, el abuelo pensó que había burlado la maldición, pues ninguno de los suyos cayó enfermo cuando la viruela los atacó en el viaje en barco y tampoco se contaron entre los caídos por el sol y el calor, en la caminata a través de las montañas.

Al paso de los años, el abuelo tuvo más nietos que hijos y el día de Navidad, después de la misa de gallo, se sentaban juntos a la mesa a celebrar con una gran cena.   

Solían comenzar con aperitivos de pescado ahumado, seguido de un gran plato de carne de tiburón fermentada y un exquisito cordero.  La abuela de los Snorkil era famosa por su cordero al horno con  ensalada de papas y arroz salvaje.  Para finalizar con broche de oro, tenían de postre, la insuperable torta de crema de chocolate de la esposa del hijo menor de los  Snorkill.   

Todas sus recetas eran de tradición vikinga y se preparaban sobre leña, a fuego lento. Aprovechaban el viaje de ida y vuelta a la misa de Navidad, para dejar el pescado ahumándose,  el tiburón cocinándose,  el cordero  horneándose y la torta helándose.   Solo un miembro de la familia tenía el deber de cuidar la comida.

A finales de noviembre  la abuela de los Snorkill preguntaba:

-          ¿Quién cuidará este año del hogar?

Algunas veces se ofrecía un voluntario, otras veces la decisión era tomaba al azar por medio de un sorteo;  y cuando todos querían ir a la misa, el hijo mayor de los Snorkil  escogía quien debía quedarse, dependiendo de su comportamiento durante el año.  

Así iban andando las cosas, hasta que un día, al regreso de la misa, la familia halló la casa con la puerta hecha pedazos, la mesa derribada, la vajilla rota, la parrilla sin pescado,  el caldero sin tiburón,  el horno sin cordero y la gavera sin torta.

Ese año, la hija mayor del hermano menor, una chica rubia y lozana,  se había quedado a cuidar de la casa y también había desaparecido.

Los Snorkill con sus parientes y amigos, salieron a buscarla;   formaron cuadrillas,  pero nada, nunca, nunca, nunca,  apareció.

Pensaron que a la chica la había secuestrado algún insurrecto de la Revolución Azul, pero al año siguiente, una vez más en Nochebuena, se repitió la misma escena: La puerta hecha pedazos, la mesa derribada, la vajilla quebrada, la leña sin pescado, el caldero sin tiburón,  el horno sin cordero… la gavera sin torta.  Esta vez había desaparecido el primer varón nacido en tierras de Tovar.

El abuelo de los Snorkill recordó el humo negro de las salchichas asadas aquel día en Endingen y   pensó:
-          Es la maldición, ha venido por nosotros.  

La familia Snorkill comenzó a tener muy mala fama.  Las historias que se inventaron en torno al misterio de los Snorkil pululaban por docenas, unos y otros  susurraban que se trataba de hadas o duendes que  venían en Nochebuena a comérselo todo y secuestraban al  único habitante de la casa,  para convertirlo en su esclavo por toda la eternidad…

-          ¡Es un vampirrro!- Aseguraba el viejo Ritzel.

El ser en cuestión nadie podía definirlo,  lo que sí estaba comprobado a ciencia cierta, era que se trataba de un personaje del otro mundo con muy buen apetito.

Obviamente nadie quería permanecer en casa de los Snorkill la noche de Navidad.  Cuando el año estaba por terminar, entre octubre y noviembre, la familia empezaba a mostrar  verdaderos signos de preocupación. ¿Quién querría desaparecer para siempre?
Sucedió entonces que una linda morena maracayera se acercó a pedir trabajo, se llamaba Trinidad y no tenía ni idea de la maldición que perseguía a la familia.   

La nuera de los Snorkill la contrató y dejándose llevar por el instinto de supervivencia le propuso: 

-  Sería tan lindo que se quedaras con nosotros… solo hay una condición: El 24 de diciembre debe quedarse sola en casa. ¡Usted ha de cuidar el fuego del hogar!  

La muchacha aceptó sin peros y comenzó a trabajar. A pesar de su aspecto delgado, era muy fuerte y colaboradora,  era la primera en levantarse por la mañana y la última en acostarse por la noche.  Todos en casa comenzaron a tomarle mucho cariño y la abuela pensaba.

-    Pobrecilla, tan jovencita… 

La paz de espíritu no llegó con la navidad a casa de los Snorkil; sentían mucha culpa pero nadie se atrevía a comentarle una palabra a Trinidad.  El aciago día pasó pronto, el sol se ocultó en el horizonte y montaron  el pescado en la leña, el tiburón en el caldero, el cordero en el horno y la torta en la gavera. Decoraron la mesa con manteles bordados en hilo y una vajilla de Bavaria.

-    ¡Qué derroche!- murmuraba la esposa del hermano menor.  – Tanto esfuerzo para que se lo coma un misterioso desconocido.

Y llegó la hora de partir a la Iglesia. Bajo el marco de la puerta, que todos los años se montaba nueva, se despidieron de Trinidad y la abuela Snorkill rompió en llanto.

-    ¡Lo que estamos haciendo no tiene perdón de Dios! 

La nuera se apuró en llevársela fuera de la casa, pero  la abuela lloró más duro y se refugió en brazos del abuelo, que le dijo al oído.

-     Trinita no viajó en el  “El Clemence
-     ¿Y eso qué?- le replicó ella.
-     Quizás escape a la maldición… ella no tiene sangre alemana.

La abuela no pudo reprimir un reproche:

-  No conocemos al monstruo que llega todas las navidades a llevárselo todo, no sabemos nada sobre él y puede que le guste la sangre mestiza tanto como la nuestra.  

Todos se reunieron a discutir el asunto, algo que nunca habían hecho por miedo.

-   Suegra- dijo la nuera.-  Piense que es un pequeño sacrificio de familia.  Todos los años alguien debe quedarse a cuidar de la comida y este año le tocó a Trinidad, ella no puso ningún reparo.

-   ¡Porque no sabe la verdad! –  Aulló  la abuela. – Tenemos tanto miedo que no hemos sido sinceros con la pobrecilla.

-    Debemos pensar en los niños.  Ellos necesitan de su familia.- Dijo la esposa del hermano mayor.- No podemos permitir que alguien más de la familia desaparezca.

-    ¿Y qué un extraño pague por nuestras culpas?  La maldición nos pertenece. -Habló contundente la abuela. 

Trinidad que había salido al porche de la casa, escuchó la discusión de la familia, temblando del miedo, los tomó a todos por sorpresa cuando dijo a gritos.  

-  ¡Yo no me voy a quedar! ¡No me voy a quedar!  No quiero ser esclava de ningún ser sobrenatural.

-     ¿Y qué hacemos? - Preguntó con voz ahogada una de las nietas.  

Se miraron unos a otros, cada quien fue bajando los ojos, agobiados por la pena, no tenían solución.
-   ¡Yo me quedo! – Quiso sacrificarse el abuelo. – Ya he vivido bastante y es justo que sea yo quien enfrente lo que sea que venga a derribar la puerta de nuestro hogar.

-    ¡Eso no arregla las cosas!-  Replicó la abuela. -  El año entrante tendremos el mismo problema y nadie se querrá quedar.  ¿Desapareceremos, acaso, uno a uno, año tras año?

Tras un silencio profundo, la nuera de los Snorkill propuso recoger todo, la comida, el horno, apagar la hoguera, llevarse la gavera, la vajilla, los manteles, la cristalería y que no quedara nadie. Armarían la mesa en la Iglesia y compartirían la cena con el cura.

-   ¡Sería un riesgo mayor!   – Le replicó el esposo.-  La fiera infernal podría enfurecer al no hallar un humano para el sacrificio y podría llegar al pueblo.  ¡Y acabar hasta con el santo cura!

-   ¡Quedémonos todos! –  Dijo el hijo mayor. – enfrentemos entre todos la maldición.

Parecía que iban a apoyar la sugerencia cuando en el horizonte, una sombra se alzó entre los árboles y abrió paso a un par de puntos incandescentes y lejanos; todos los Snorkill, incluyendo a Trinita, los vieron y acto seguido, se montaron en sus carromatos, que eran dos, apuraron a los caballos y huyeron  despepitados.

El susto fue tan grande que olvidaron a Vera María, la niña más pequeña de la familia, que fastidiada por el  parlotear de los grandes, se había ido a jugar con su muñeca junto a la chimenea.
     
Las horas fueron pasando y la noche se hizo cada vez más negra. Vera, al saberse sola en casa, cerró la puerta y las ventanas y se acomodó en el gran sillón del abuelo. El fuego de la chimenea ardía con altas llamas, se escuchaba el chisporrotear de los maderos, la sala estaba tibia…  y ella se estaba quedando dormida cuando un golpe muy fuerte la sobresaltó.

¡Catapum!  

No pudo descifrar de dónde venía y se quedó muy quieta escuchando, mientras su corazón le golpeaba el pecho como si hubiera corrido por horas; un nuevo golpe estremeció las paredes de la casa. 

¡Pam Catapum!

Eran pisadas, pisadas de gigante… Verita rogó al cielo y especialmente al niño Jesús que la cuidara y comenzó a cantar una vieja canción de navidad, que le había enseñado su abuela, para quitarse el miedo.
  
-     Oh tannenbaum, oh tannenbaum. Wi grun sin dei ne bleter…

¡Pacatapum, pam, pam!  ¡Paaaaaam!  Un ser tosco, gigante y peludo atravesó la puerta, haciéndola pedazos.  Parecía sorprendido de ver a una niña tan pequeña y sola.  

-    ¿Una niña? ¿Dejaron a una niña en casa?

El ronco crujir de su voz  fue ensordecedor, la cristalería estalló y  Vera María sintió cómo si su alma saliera del cuerpo, por más abiertos que tenía los ojos no lograba creer lo que veía.

-     ¡Eres un ogro! ¡Un ogro!
-     Si soy un ogro y tengo hambre.

El ogro tenía unos colmillos afilados, amarillos, su lengua era púrpura y su aliento, feroz.

-     ¿Por qué te dejaron sola?
-   ¡Estoy cuidando del fuego del hogar! – Respondió con valentía vikinga.

El ogro se echó a reír a carcajadas. 

-      Así que eres la valiente guardiana de la casa. ¿Y los demás?
-     ¡Están en la misa de Navidad!     
-     ¿Navidad? – El Ogro parecía desconcertado. - ¿Qué es  Navidad?

Un vuelco de salvación entró como un aire tibio en el corazón de la niña.

-    ¿No conoces la Navidad? Yo puedo enseñarte…

Y  lo invitó a sentarse a la mesa;  Le sirvió los entremeses de  pescado ahumado y mientras servía y servía, el ogro comía y comía uno tras otro, sin masticar. Ella fue contándole con detalle cómo era que hombres y mujeres, reyes y pescadores celebraban el nacimiento del niño más humilde de la tierra. Al ogro le costaba mucho entender aquello y pidió el primer plato, Verita, con gran esfuerzo, le trajo el caldero de carne de tiburón fermentada y el  ogro la sorbió de un solo tirón.   Ella trataba de explicar.

-    Un ángel les anunció la buena nueva y los pastores sintieron mucha alegría.

El ogro parecía no escuchar lo que Vera María le contaba.

-     ¡Trae más comida que aún no lleno mi barriga!  

La niña trajo el cordero, las papas y el arroz salvaje y continuó contando.

-  Una estrella alumbró el cielo y la tierra se llenó de paz.  ¿Comprende?   
-     No.
-     ¿No?

Los ogros suelen ser cortos de entendimiento y este no era la excepción.

-    Todavía tengo hambre.- le dijo.

-    Pero ya no tengo nada más que ofrecer… la alacena está vacía.

El ogro le dio un golpe tan fuerte a la mesa que la rompió. Con sus grandes ojos como brasas y sus enormes dientes, miró a Vera María con apetito voraz.  Un par de gotas babosas de saliva verde, salpicaron de su lengua púrpura y  el vapor pestilente de su aliento la mareó…

En la Iglesia, la familia Snorkill había llegado casi a tiempo para la misa, entraron, ocuparon sus puestos y al momento de la comunión, los vitrales de la Iglesia temblaron con el grito estremecedor de la abuela.

-     ¡Verita no está! ¡Verita se nos quedó!
-     ¿Cómo?- preguntó el cura.- ¿Ha quedado la niña abandonada ante lo desconocido?

Regresaron de inmediato y todas las familias que habían ido a la misa de gallo, los acompañaron. 

Al llegar a casa, paso a paso iban entrando, el abuelo, la abuela, el hijo mayor, la nuera, el hijo menor y su esposa, los nietos… Trinita y  los vecinos de Tovar;  caminaban despacio, con un nudo en la garganta y sin hacer ruido. Como todos los años, la puerta estaba deshecha, la mesa rota, la cristalería quebrada, la leña sin pescado, el caldero sin tiburón…

-    Lo sabía.- Lloró trágica abuela Snorkill.- lo sabía…  Llegamos tarde. Ha desaparecido nuestra pequeña nieta. 

Esta vez no se iban a resignar y los hombres se organizaron en cuadrillas de búsqueda…  Ritzel tomó una estaca para matar vampiros.

-    Irré por el camino del cementerrio.

¡Otro grito los estremeció!  Esta vez fue la nuera que apuntaba hacia la puerta de la cocina:

-     Allí, allí, allí. ¡Allí!

Allí  estaban el ogro y la niña con la torta de crema de chocolate servida en una gran bandeja de plata antigua. Los presentes casi se caen del espanto.

-   ¿Qué está pasando aquí? - Preguntó papá Snorkill
-   El señor Ogro vino a compartir con nosotros la noche de Navidad.- Les explicó Vera María.   

-    Aún no he comido mi postre.- Les dijo el ogro.  

Pasado el estupor inicial, decidieron entre todos levantar una nueva mesa. 

El ogro les contó que venía de la Selva Negra,  unos cazadores de cabezas de ogro lo estaban persiguiendo  y se echó al mar.  Escondido entre los palos del puerto escuchó de los aventureros que irían a fundar una ciudad alemana en tierras calientes con una promesa de felicidad por siempre en sus corazones.  Así fue cómo se aferró a la popa de “El Clemence” y cruzó el Atlántico y el Mar Caribe, tragando peces y agua salada.

Al llegar a Choroní, sintió el sol arder sobre su cuero peludo y corrió hasta lo más alto de la montaña, se guio por el sonido de una cascada y descubrió al fin una cueva húmeda donde echarse a dormir.  El tiempo de los ogros es diferente al de los humanos y su sueño duró muchos años, no lo despertaron ni las guerras civiles que acosaron a Venezuela en aquellos tiempos…  hasta que un día sintió el delicioso aroma del cordero al horno de la abuela.   ¡Y despertó con tanta hambre!

Al tiempo, la hija mayor del hermano menor de los Snorkill regresó con un esposo de la costa y llena de hijos; así mismo el primer varón nacido en tierras de Tovar, que había aprovechado la ausencia de la familia en Navidad para escapar tras una hermosa india. 

Año tras año, la mesa de la familia  Snorkill  se hizo cada vez más larga.    Los Benitz,  Muller, Musle, Gerig, Rudman, Ruth, Ziegler, Strubinger, Griman, Hoffman, Bergman, Galler, Suhr,  Breindenbach, Cassler,  Rizten, Trinita, el cura y el ogro,  eran invitados al banquete,  todos contribuían con sus mejores recetas.  ¡Incluso el ogro!

La maldición había acabado, el ogro entendió el verdadero significado de la navidad y la promesa de felicidad echa por Codazzi se cumplió bajo el cielo infinito de estrellas de la Colonia Tovar en Venezuela.

Fin

domingo, 14 de septiembre de 2014

La Rana Rita y el niño Jesús.

LA RANA RITA Y EL NIÑO JESÚS

Escrito por Abigail Truchsess


El viejo Pacheco bajó de la montaña a Caracas con sus vientos fríos, traía consigo  olor a flores y mandarinas; el sol, también hacía de las suyas,  pulía el espejo azul del cielo y aquella luz brillante le entibiaba el corazón a Rita, una rana de sangre fría, que no aguantaba la risa:

¡Había llegado la Navidad!

Rita vivía en una fuente en forma de escarabajo, en un viejo parque de la ciudad.  Cualquiera que por accidente pasara por allí,  pensaría que en aquel lugar olvidado no había espacio para la ilusión, pero la ilusión de Rita era inmensa.

Decoró su casa con perlas de rocío, las flores rojas y amarillas del papagayo que año tras año florecía al lado de la fuente y un racimo central con hojas y pétalos de loto.  

Para ese año ella había pedido un regalo muy especial: ¡Rita quería conocer, personalmente,  al Niño Jesús!

-          ¡Qué tonta!  ¡Tonta, retonta! -  Le decía Marta, una mariposa carnavalesca con aires de sabihonda, que siempre la venía a visitar.  - ¿Acaso sus padres nunca le han dicho la verdad? ¡El niño Jesús no existe!

-          ¡Si existe, claro que existe!- Le replicaba Rita,  Eustaquio y yo lo esperamos todos los años a medianoche.

-          ¿Alguna vez lo han visto? – Preguntaba, bailoteando las alas.

-          No, jamás, el niño es muy tímido, no le gusta que lo vean.  Además, tiene mucho trabajo en nochebuena, pasa por las casas como un celaje y nos deja hermosos regalos…

-          Ay no, no, no, no, no.  ¿Cómo puede ser tan crédula? ¡Todo lo que dice son ingenuidades!  Debe obligar a su prometido que le diga la verdad, encararlo, que le cuente cómo es que él deja los regalos a escondidas suya, para hacerte creer en algo que no existe. ¡Madure!

Marta se fue a volar por otros lados,  no quería perder su tiempo con una idealista.  De aleteo en aleteo, fue dejando la queja entre las palomas, los ratones y las ardillas del parque, que empezaron a reírse de Rita. 

Esther, la lombriz de tierra se asomó desde lo más húmedo de su casa y trató de hacerla entrar en razón:
           
-          La Navidad es un invento de los humanos, que viven para comer, gastar y comprar. El niño Jesús es un asunto comercial.  ¡Hasta los más pequeños lo saben!   

La Cucaracha Comanche, que había sobrevivido a muchas guerras mundiales y se había instalado en una jardinera llena de latas de refresco, también hizo el esfuerzo de mostrarle la dura realidad y se la llevó hasta la avenida principal y ahí se detuvieron en una esquina. 

-       Mire a todos comprando montones de cosas de plástico y metal, cables, cajas, papeles, pilas y cartones que terminan en los basureros.

Rita veía  desde los zapatos hasta las pantorrillas de los humanos, de todos los colores, de todos los estilos, con dedos por dentro y por fuera, tacones altos, bajos, rotos y de goma, unos y otros caminaban, se cruzaban, se pisaban, pasaban, vociferaban.  Aquello era un tormento.

Esther, que conocía todos los caminos del mundo subterráneo,  les salió al encuentro desde una alcantarilla:   

-       Rita, usted tiene que aprender a ser más práctica, echar aparte los cuentos del Niño Jesús y pedirle a su prometido un anillo de brillantes de regalo.

-       ¿Y para qué quiero yo un anillo de brillantes?- Preguntó asombrada Rita.

-       Para saber cuánto la quiere- Le respondió la lombriz.  -Mientras más grande, más amor.
 
-       Yo no necesito de un anillo de brillantes para probar el cariño de mi novio- Le respondió Rita ofendida.-  Y piensen lo que piensen todos, mi deseo será cumplido.  Se lo pedí con mi corazón a las estrellas y estoy segura que escucharon.

Las carcajadas chillonas de las ardillas vibraron por la calle principal y el Sapo Don Eustaquio, que era el prometido de Rita, las escuchó muy serio, él iba de camino hasta su fuente con una cajita de ricas moscas azucaradas, para ella.

Don Eustaquio era un sapo gordo, verde-rayado, muy elegante e instruido; sentía interés por el acontecer nacional y gustaba de leer la prensa que tiraban fuera de los cestos de basura y aunque podría suponerse que era de temperamento racional,  él creía en la fuerza del corazón.

Meses antes de Navidad, le había prometido a Rita que desempolvaría su mejor sombrero para acompañarla a conocer al niño Jesús.

-       Todo aquello que se pide con sinceridad se cumple. -Le aseguró-   Hay un mundo que nadie ve sino que siente, donde hay oídos especializados en recibir los deseos de las buenas almas.  Estoy seguro que un alma tan dulce, con una voz tan especial como la suya ha sido escuchada y ha llevado el recado al querido niño.

Don Eustaquio apuró el paso, pensó que su prometida estaría muy agobiada por las malas lenguas del parque, todas juntas y orquestadas para hablar en sorna de su deseo…  Rita lo recibió con un abrazo en su sala de pétalos de loto y toda preocupación se esfumó para los dos. 

¡Hasta que llegó el día de Navidad!  

Los animalitos del parque se acomodaron a la última moda, de lo más emocionados, murmurando y aguantando hasta las lágrimas  las  carcajadas que les producía la ingenuidad de Rita.   Era el chisme del día.

-       ¡Ahí se quedará esperando hasta quedarse tiesa!

La ciudad estaba engalanada de luces y había mucha expectativa entre los transeúntes por un pesebre viviente que iban a montar en la Plaza Central.

Rita y Don Eustaquio se prepararon para la fiesta mejor que nunca, ella se puso un vestido nuevo de lunares y una bufanda violeta, preparó una cesta con panecillos de jamón y pasas.  Don Eustaquio se puso un elegante sombrero de ala ancha y corbatín y preparó una botella de ponche crema con la receta de su abuela.

Atravesaron el parque con dificultad porque los niños iban y venían a toda velocidad en sus patines,  los padres corrían tras ellos y una madre preocupada por su hija que apenas estaba aprendiendo a montar la bicicleta, casi los pisa.  

Resonó una corneta de carro. 

Dos amigos que tenían tiempo sin verse, se abrazaron en medio de la multitud, uno de ellos sacó una botella y el otro la batió y la descorchó. Una lluvia de líquido espumante cayó sobre Rita y Eustaquio, si no es porque las alas de su sombrero eran tan grandes, la pobre Rita se emparama completa.

-       ¡Esto es felicidad, Rita! -  La animó  Don Eustaquio.
  
Al fin, entre los apretones, huyendo de los pisotones, llegaron hasta la Plaza Central,  grandes cartelones anunciaban el “Gran Nacimiento Viviente” y Rita miró a su novio con el corazón a estallar.
           
-       ¿Viste el anuncio? ¡El niño Jesús vendrá a la Plaza Central! Mi deseo se hará realidad.

 Y siguieron adelante. Marta, la mariposa carnavalesca, se acercó hasta la lucida pareja:
-       ¿Vienen a ver al niño Jesús?  Están por anunciarlo.  La Virgen y San José  vendrán por la avenida a caballo,   los pastores arrearan a un burro y a una vaca de verdad.

-       ¿“De verdad”? Si todo es de verdad. La Virgen, San José, el niño… ¿Acaso duda que no lo sean?- preguntó Rita.

-        Ay Rita ¿No me diga que usted sigue con el cuento de conocer al niño Jesús?

-       ¡Lo están anunciando!- Dijo Rita,  en un grito ahogado.


Una fanfarria de trompetas y baterías acalló la gritería, los niños humanos se hincaban sobre sus pies para ver a los famosos.
  
-       Es publicidad- Insistió Marta en explicarle a Rita.-   Una empresa lechera los contrató. Van a sacar una marca nueva.  Los que vienen son actores y el bebé que van a mostrar será un monigote con fuegos artificiales ¿No ha leído la programación? 

-       En los periódicos no salió nada al respecto- comentó Don Eustaquio.

-       Repartieron panfletos por toda la ciudad.- Le refutó Marta, luego suspiró para no dejarse ganar por la impaciencia y continuó explicando.-   San José es un cantante de rap y la Virgen María una bailarina de jazz.  Ellos abrirán el espectáculo de Navidad.  ¡Por favor, dejen de creer en cuentos!  ¡Sean serios!

-       Lo somos- Respondió Don Eustaquio.  

Y tomó a su novia del brazo y se la llevó a la otra esquina de la plaza, dando saltos.

-       No hagas caso a esa mariposa carnavalesca, ella ha perdido la ilusión.- Le dijo a Rita.

Marta se incorporó a su grupo de mariposas y todas se echaron a reír, evidentemente de Rita, que las escuchó y la duda comenzó a carcomerla poco a poco.  ¿Será verdad lo que ellas dicen?  ¿Seré el hazmerreír de todos por mi ingenuidad?

Miró a su alrededor, los humanos se carcajeaban y gritaban, coreaban canciones de rock miles, la Virgen María y San José saludaban a todos, montaban elegantes caballos, lanzaban caramelos y la vaca era precedida por un gran cartel publicitario con el nombre de una leche muy pura de larga duración.   Nada se parecía a lo que ella esperaba. 
 
-       Me quiero ir Eustaquio. – dijo en tono melancólico.  

Y él, que no soportaba ver a su novia triste se apresuró a complacerla.

-       La voy a llevar a un lago que guarda una luna llena para los enamorados. 

Y estaban dando la vuelta cuando los actores que hacían de pastores, el burro y la vaca de la gran caravana les cortaron el paso, venían en procesión. 

Don Eustaquio, ubicó un resquicio entre las piernas y los zapatos nuevos de los humanos, trató de meterse, cuidando de Rita pero una chica los apartó al golpe de una sandalia de plataforma, y el sapo y la rana volaron por los aires.

Ella  se aferró a su cesta de panecillos de jamón con pasas y cayó en la cabeza de la Virgen María. Don Eustaquio abrazado a la botella de ponche crema,  cayó en la espalda de San José.

Por un brevísimo instante, Rita creyó que su deseo se haría realidad, de manera un poco accidentada, claro,  pues una carita sonriente se asomó entre las cobijas que cargaba la Virgen María.  Pasaron segundos muy largos para ella en los que descubrió que era una carita pintada de un muñeco relleno,  Rita gritó del susto y la Virgen María,  que le tenía pánico a las ranas también gritó como una endemoniada.

-       ¡Quítenmela! ¡Quítenmela!

La bufanda violeta de Rita se enredó en el tocado de la Virgen María y cuando logró saltar de nuevo hacia la calle, entre los sacudones que le daban los pastores, se trajo el manto y la peluca de la actriz, cuyo real cabello estaba  pintado de verde con mechones colorados. 

El horror más grande fue al ver al cantante que hacía de San José, era calvo y con tatuajes desde la punta de la calva al talón, había quedado en calzoncillos  tratando de sacarse de encima a Don Eustaquio.  

Luchó contra él hasta que logró agarrarlo por una pata y lo miró de frente, trató de lucir intimidante, más el valiente sapo no se amilanó, frunció el ceño y le mordió la nariz.

-       ¿Quieres guerra? – Preguntó el falso San José con el deseo de venganza apretado en los dientes. – Tendrás lo tuyo, sapo feo y arrogante.  

Sin dar chance a reacción, metió al elegantísimo Don Eustaquio dentro del monigote que hacía de niño Jesús, sacó un fósforo, prendió la mecha y lo lanzó al cielo.

Rita miró llena de pánico como su novio volaba por los aires dentro de aquel monigote de fuegos artificiales, pero Don Eustaquio era ágil y pudo saltar a tiempo y atajar la botella de ponche,  antes que el monigote explotará y la pólvora estallara haciendo figuras hermosas en el cielo, que nadie se detuvo a mirar, porque la vaca  se asustó con el estallido y empezó a dar cabezazos por aquí y por allá, el burro  se lanzó a rebuznar durísimo, los caballos se desbocaron  y la muchedumbre corrió despavorida sin dirección fija.

-       ¡Pandemonio! - gritaban  unos y otros, sin control. – ¡Pandemonio!

Los animalitos del parque que conocían a Rita y Don Eustaquio, también empezaron a correr alarmados y no perdieron chance de culparlos.   Los espantaron furiosos.

-          Váyanse de aquí. Han destruido la Navidad.  Acabaron con la fiesta de todos.     

A Rita se le rompió el corazón.  Don Eustaquio la tomó del brazo, protector y dando saltos veloces, dejaron  el desastre atrás.

Agotados, después de saltar muchos kilómetros,  por fin se sentaron a descansar junto al lago del que le había hablado Eustaquio.  No se veía la luna por ningún lado y Rita no hacía sino llorar y llorar, se sentía tan defraudada.

-       Soy una ingenua, el niño Jesús no existe.

El amoroso novio la consolaba.

-      No los escuche, Rita… No siempre hace falta ver las cosas para poder creer en ellas.  ¿Sabe qué es la fe? Es amor ciego, como el que siento yo por usted.  A mi no me hace falta gran conocimiento ni pronóstico para saber que viviré feliz el resto de mi vida a su lado.

La luna llena que el lago guardaba para los enamorados, se asomó entonces y la dulce rana recuperó la esperanza. 

De regreso a casa, oyeron un gemido, a medida que avanzaban lo escuchaban más y más cerca.  Venía de un hoyo, se asomaron a ver y  descubrieron a un pobre ratoncito, que había caído dentro,  estaba muerto de frío.

-          Pobrecito ¿Qué le pasó?- Pregunto Rita.

-          Estaba yendo hacia la fiesta del parque y me topé de frente con una bandada de humanos que venían huyendo de algo que sucedió en la plaza.  ¡Si no me lanzo al hoyo, me aplastan como tortilla! Ahora no puedo salir y tengo tanto frío. – les respondió gimiendo.

Don Eustaquio y Rita lo ayudaron a salir, lo abrigaron y pasado el susto, lo acompañaron hasta su casa.    

-          Papá y mamá deben estar muy preocupados por mí.

Llegaron hasta un garaje de chatarra, allí en el muro, habían cavado su cueva. Mamá Ratón salió a recibirlos:

-          Hijo, ¿Por qué tardaste tanto? Tu padre se estaba poniendo el saco para salir a buscarte.

– José, nuestro hijo está aquí,   Chu, regresó. -  Avisó entonces mamá Ratón, hacia el interior de la casa y papá Ratón también salió a recibirlos, traía un bastón para caminar y un abrigo de lana.

-          ¡Bienvenidos! – les dijo a todos.

Luego de las explicaciones de rigor y de reír un poco por la locura navideña humana, los padres de Chu invitaron a Rita y Don Eustaquio a cenar con ellos, compartieron el ponche crema y los panecillos de jamón y pasas; un rato más tarde llegó una Chicharra con su amigo Coco de lluvia y se echaron a cada lado de papa y mamá Ratón.   

Un coro de grillos deleitó la noche con melodía de violines y la luna de los enamorados se posó en el inmenso cielo, vistió a todos con luz plata.  Aquello parecía un nacimiento viviente.  ¡Era un nacimiento!

-          ¿Está viendo lo mismo que yo, Eustaquio? ¡Son Jesús, María y José! – Dijo Rita, con el corazón tibio en su cuerpo de sangre fría.
 
-          Si, son ellos Rita, se ha cumplido su deseo. – La sonrisa de Don Eustaquio no le cabía en la cara.

Chu les guiño el ojo y les susurró:

-          ¡Será nuestro secreto!   

Rita y don Eustaquio regresaron juntos a la fuente en forma de escarabajo,  con una alegría tan grande que les duró toda la vida.     

Feliz Navidad.


Fin. 

miércoles, 23 de julio de 2014

La reforma escolar como estrategia de Estado. ULTIMA PARTE: “UN PUEBLO LIMPIO”

La reforma escolar como estrategia de Estado.

ULTIMA PARTE
 “UN PUEBLO LIMPIO”
Por Abigail Truchsess.

¿Dónde se imparte, actualmente,  la mejor educación del mundo?

Según los informes del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) llevado a cabo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, es en Finlandia, nación fundada por los vikingos, ubicada al noroeste de Europa, de inviernos largos y fuertes vientos.
Las claves de su sistema se basan en la confianza, el respeto y en enseñar a pensar en vez de enseñar a memorizar, se hace énfasis en el desarrollo de la curiosidad, la creatividad y la experimentación.  La educación es gratuita e igual para todos,  pobres y ricos comparten el mismo espacio,  tienen las mismas oportunidades de aprendizaje. El Estado proporciona los materiales y libros de estudio.  
Y lo que más llama mi atención: Los profesores son altamente estimados y respetados, sólo entran a la universidad para  ejercer este oficio aquellos que han logrado las mejores calificaciones en su educación básica y más que profesores se les considera consejeros de familia.
La municipalidad de Londres es también considerada una superpotencia educativa, de acuerdo a estudios estadísticos recientes, la proporción de altas calificaciones de los estudiantes londinenses  subió de 45% a 81% desde el año 2000 al 2010 y los alumnos de los barrios más pobres han superado a los más adinerados.
Hecho extraordinario  al considerar que dichos análisis fueron realizados en escuelas ubicadas en zonas marginales, con altos niveles de carencia, inglés como segunda lengua y una mayoría de alumnos de minorías étnicas.
El artículo fue publicado en la BBC Mundo en julio del año en curso y está firmado por Sean Coughlan.   
Tres son las razones básicas de este extraordinario avance: 
1) Todos los partidos políticos han apoyado consecuentemente, durante años, el cambio en las escuelas, el cambio no se hizo en un día.   
2) Las escuelas han sido monitoreadas, sistemáticamente, para identificar las fallas y las fortalezas.  
3) Fueron los profesores y los directores de todos los colegios, unidos, quienes lideraron el cambio y aquellos que demostraban efectividad, se convirtieron en centros de desarrollo profesional.
Yo añadiría dos factores más: La buena comunicación y el buen funcionamiento del trasporte público en la ciudad.  Los resultados del desempeño de las escuelas son abiertos, accesibles a toda la población y los padres pueden comparar una con otra al momento de decidir dónde enviar a sus hijos.  No se limitan por la distancia, porque el transporte público funciona y es gratis para los estudiantes.

En ambos casos, tanto en la ciudad de Londres como en la República de Finlandia, el papel del Estado ha sido fundamental. 

La estrategia del alcalde Shyoji Ram, en la India:

En la India, ir al baño es un lujo al cual no pueden acceder 597 millones de personas y aparte de los problemas de salud que genera la falta de higiene, las mujeres son las más perjudicadas cuando tienen que hacer sus necesidades,  pues buscando un lugar escondido o un baño público,  se exponen a picadas de serpientes, burlas, asaltos y violaciones. 

Son muchos los casos de niñas menores de 10 años, violadas camino a un váter público en las barriadas de Delhi.

En el año 2005, Shyoji Ram, alcalde de Dehelud, (pueblo de Rajamán)  se propuso como meta construir un baño en cada casa; los hombres no estaban de acuerdo en invertir dinero en una infraestructura que “salía gratis” yendo al campo y las mujeres no daban su opinión. 

Así que el alcalde comenzó instalando váteres en las escuelas para que los niños y sobretodo las niñas, comprendieran lo importante que era tener un excusado en sus casas.

La estrategia funcionó, los alumnos regresaban a sus casas y convencían a sus padres para que accedieran a la construcción; hubo incluso, un grupo de mujeres que se negaron a hacer sus necesidades en sitios públicos y ahora nadie duda de la importancia de una letrina en casa.

Hoy en día, en las pequeñas casas unifamiliares del poblado de Dehelud,  hay un baño y el gobierno indio premió con dos galardones nacionales: El Nirmal Gram Puraskar  y  “Pueblo Limpio”. 

Este caso es un ejemplo más que evidente de la importancia de la escuela, la campaña de concientización partió desde las aulas de clases a las familias. 


En Venezuela…

En febrero de este año comenzó a realizarse en Venezuela “La Consulta Nacional por la Calidad Educativa” con el objeto de reformar el contenido curricular y adecuarlo al “Plan de la Patria”, lo cual podría entenderse como un avance positivo si consideramos la educación como clave para el desarrollo económico y social del país.  


El peligro y la desconfianza que se siente por la intención de la reforma,  radica en la tendencia de las instituciones del gobierno al modelo único socialista que haría de la misma un plan político y no de desarrollo.

Es urgente el cambio, es urgente la revisión.  Si usted habla con sus hijos, el currículo no ha variado en mucho desde hace más de cuarenta años y los métodos de enseñanza son prácticamente los mismos, a pesar de la famosa Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, bien conocida coloquialmente como LOPNA. 

Al compararlo con el sistema finlandés hay marcadas diferencias;  La diversidad social es muy baja, los estudiantes de menos recursos no comparten espacio con sus pares más privilegiados, situación que no acontece en los países de alto rendimiento escolar, donde la inclusión social y el alto rendimiento, no se contraponen.  
Hay además un gran maltrato hacia la figura del maestro, que no son vistos con respeto y mucho menos como profesionales exitosos con sus sueldos paupérrimos, muchos desertan para buscar mejoras económicas en otros oficios. Tampoco hay filtros académicos para  la selección,  ni actualizaciones, ni monitoreo.
En el año 2009, el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, (Informe Pisa) se practicó en instituciones municipales y privadas del Estado Miranda. No hubo una muestra significativa de acuerdo a los estándares de Pisa, pero los resultados arrojaron cifras alarmantes.

De todas las pruebas que se hicieron, las que correspondían al rendimiento de los alumnos en matemáticas, ciencia y lenguaje, comparados con los alumnos de los otros países participantes (63 países en total) el estado Miranda tiene un 60%, 44% y 42% de rendimiento por debajo de las destrezas básicas y un  0%, 1% y 1% de alumnos que superan las destrezas básicas.

El caso es extensivo para toda Latinoamérica que tiene como reto  mejorar el rendimiento de los alumnos que no cumplen con las competencias básicas para desenvolverse en la vida cívica y económica. En Chile, Brasil y México se han ido cambiando los programas de estudio e incorporando mejoras en este sentido, analizando con lupa y adaptando a sí mismos los programas y las políticas educacionales finlandesas.

En el ejemplo de Londres es aleccionador que todos los partidos políticos hayan contribuido y apoyado los cambios en las escuelas… Al pensar en Venezuela vienen  a mi mente grandes puntos suspensivos y un gran suspiro...  

La educación debe ser cuidada y trabajada como bien común, con buena voluntad; la comunidad debe confiar en la escuela, en los maestros y los maestros deben confiar en sus alumnos.

La educación es una estrategia para el desarrollo y no un arma política;  el Estado debe garantizar la ética y su mejor vocación para el cambio y la búsqueda de métodos eficaces de aprendizaje.  Cualquier intento de ideologización debería considerarse delito; alienar es tan grave como asesinar, porque es la muerte del pensamiento. 

Los resultados de esta consulta serán presentados en Septiembre, quedamos a la expectativa.

Fin.







La reforma escolar como estrategia de Estado. Parte II "La escuela de Pinocho"

PARTE II
“LA ESCUELA DE PINOCHO”
Por Abigail Truchsess

¿La escuela prepara a los niños para la vida?
Pinocho camino a la escuela sueña con aprender a leer hoy y escribir mañana, pero el sonido de los pífanos y los golpes de bombo llaman su atención, están anunciando el  Gran Teatro de Títeres.  
Él cambia su libro “Abecedario” que le había comprado Geppetto con mucho sacrificio, vendiendo su único abrigo, por monedas para pagar la entrada al teatro.  
Así,  mientras Geppeto tiembla de frío en su casa, Pinocho ríe a carcajadas viendo una comedia. 
En sus aventuras, la vida siempre atrapa a Pinocho, es el dolor quien termina dándole la lección.

¿Es la escuela de hoy formadora de hombres y mujeres pensantes o adormece las mentes para mantener el statu quo? 
Pinocho dice: “Verdaderamente,  nosotros los chicos somos muy desgraciados, todos nos chillan, todos nos reprenden, todos nos dan consejos. Si los dejáramos, a todos se les metería ser nuestros padres y maestros”.
Pinocho no deja de tener razón, el favoritismo y la discriminación siguen siendo prácticas comunes en la escuela básica del país, sobre todo en los colegios privados y se los digo por experiencia propia.   Basta escuchar a más de un alumno que aconseja al otro diciendo: “A ella tienes que jalarle mecate para pasar”…  La memorización, el famoso caletre, es otra práctica frecuente. Si el alumno se sabe de memoria la lección, pasa la materia y cuando llega a quinto año de bachillerato, los padres deben pagar un curso propedéutico que los enseñe a pensar para aprobar los exámenes y entrar a la universidad. 
¿Forma consumidores o forma activadores de cultura?

Pinocho dice luego de dejarse engañar por la Zorra y el Gato, camino al Campo de los Milagros donde había sembrado sus monedas de oro: 
“¿Y si en vez de cinco mil encontrase cien mil monedas? Me convertiría en un gran señor… Quisiera tener un magnífico palacio, mil caballitos de madrera y mil caballerizas para poder jugar, una bodega de bombones, una repostería llena con toda clase de vinos; tortas, bizcochos, almendrados y pasteles con nata”.  

No son acaso las grandes mansiones hollywoodenses, los celulares de alta tecnología, los carros últimos modelos, las drogas el sexo y el alcohol el equivalente a este paraíso de bombones.   
¿Sigue siendo la escuela en la actualidad,  la escuela de Pinocho?
Si, definitivamente sí  y  me refiero específicamente a Venezuela.  
Esta historia continuará…